La corteza terrestre es la capa sólida (Litosfera) más externa que envuelve a la Tierra. Es más gruesa en los continentes y más delgada bajo los océanos.

 

La corteza terrestre está partida en trozos llamados "placas". Estas placas se mueven flotando sobre el magma (Líquido).

 

Estas placas, al moverse, se empujan las unas a las otras provocando la formación de montañas, volcanes, fallas y terremotos. Este movimiento es lento pero constante a razón de unos 4 centímetros por año.

 

 

"Máquina" para hacer montañas, (Plegamientos).

Ponemos, en la "máquina", capas de tierras de diferentes colores.

 

 

Estas capas de tierra simularan los diferentes estratos que componen las placas.

 

Hacemos girar el tornillo que desplaza la madera vertical.

 

Esta madera vertical simula una placa tectónica que se desplaza empujando a otra. Esta fuerza de provoca que las capas, o estratos, se doblen, o plieguen, dando origen a elevaciones y depresiones en el terreno.

 

Capas de tierra plegados en la "máquina".

Esquema de empuje entre placas.

Capas de tierra, (estratos) plegadas en la naturaleza.

 

 

Observación, comentarios y recogida de información en la ficha de trabajo.

 

 

Ejemplos del resultado final.

 

 

Tectónica de placas

 

Según la teoría de la tectónica de placas, la corteza terrestre está compuesta al menos por una docena de placas rígidas que se mueven independientemente. Estos bloques descansan sobre una capa de roca caliente y flexible, llamada astenosfera, que fluye lentamente a modo de alquitrán caliente. Los geólogos todavía no saben con exactitud como se relacionan estas dos capas, pero hay teorías que afirman que el movimiento del material espeso y fundido de la astenosfera obliga a las placas superiores a moverse, hundirse o levantarse.

 

Esta teoría de la tectónica de placas es simple: lo más caliente asciende. El aire caliente asciende por encima del aire frío y las corrientes de agua caliente flotan por encima de las de agua fría; el mismo principio se aplica a las rocas calientes que están bajo la superficie terrestre: el material fundido de la astenosfera, o magma, sube hacia arriba, mientras que la materia fría y endurecida se hunde cada vez más hacia al fondo, dentro del manto; la roca que se hunde finalmente alcanza las elevadas temperaturas de la astenosfera inferior, se calienta y comienza a ascender otra vez. Este movimiento continuo y, en cierta forma circular, se denomina convección. En los bordes de la placa divergente y en las zonas calientes de la litosfera sólida, el material fundido fluye hacia la superficie, formando una nueva corteza.

 

 

Distribución mundial de las placas tectónicas.

 

 

Deriva continental

 

La teoría de la tectónica de placas no alcanzó amplia aceptación hasta las décadas de los sesenta y los setenta. Antes de esos años, la mayoría de los científicos creían que los continentes y océanos terrestres estaban fijos. A comienzos del siglo XX, el meteorólogo alemán Alfred Wegener, popularizó y actualizó una teoría de Snider (1858) afirmando que los continentes se desplazan, debido a la debilidad de la corteza oceánica; y sugirió que todos los continentes procedían de la rotura de dos supercontinentes llamados Gondwana y Laurasia que antes del mesozoico estuvieron unidos formando la Pangea, un enorme supercontinente. Hace unos 200 millones de años, la Pangea se rompió en placas distintas que lentamente se separaron entre sí, llegando a la disposición continental actual.

 

Uno de los hechos más evidentes que convenció a Wegener fue el encaje casi perfecto entre la costa oriental de América del Sur y la costa occidental de África, lo que es muy evidente cuando se ve por primera vez un globo o mapa del mundo. Para apoyar su teoría, señaló que las formaciones rocosas de los lados opuestos del Océano Atlántico -en Brasil y África occidental- coinciden en edad, tipo y estructura. También, las formaciones contienen fósiles de las mismas especies terrestres, de manera que América del Sur y África debían haber estado conectadas anteriormente.

 

En años posteriores, los descubrimientos científicos empezaron a apoyar los aspectos fundamentales de la teoría de Wegener. Los geólogos demostraron la existencia de un débil movimiento de la astenosfera, que está por debajo de la corteza, a profundidades de 50 a 150 km. Además, los científicos en la década de los años veinte utilizaron el sonar, un dispositivo de sonda de eco, para determinar las profundidades del océano y levantar un mapa del fondo marino, y llegaron a la conclusión que la Dorsal Media del Atlántico, descubierta en el siglo XIX, era parte de un sistema de cordilleras oceánico mundial. Toda esta teoría ha sido sustituida por la hipótesis mucho más sofisticada de la tectónica de placas.

 

 

Formación de montañas debajo del océano.